octubre 23, 2006

EL DISCURSO DE LA OBRA

Paneles Arauco de José Cruz Ovalle
y
Consorcio Concepción de Enrique B
rowne.


Autores:

Rodrigo García Alvarado, Jorge Harris Jorquera, Jessica Fuentealba Quilodrán y Rubén Muñoz Rodríguez, Depto. de Diseño y Teoría de la Arquitectura, Universidad del Bío-Bío, Concepción, Chile.


Resumen

La formación en proyectos de arquitectura requiere plantear procedimientos y conceptos de diseño. Con el fin de indagar estos aspectos en la arquitectura chilena contemporánea se revisan dos obras recientes; Paneles Arauco y Consorcio de Concepción, que permiten vislumbrar posturas diferentes, pero una revisión común del rol creativo y teórico del arquitecto.

Palabras Claves:

Proyecto, Teoría, Arquitectura Chilena, Oficinas, Edificios

Abstract

Architectural design teaching requires to set procedures and concepts. In order to study these issues in Chilean contemporary architecture this paper reviews two recent buildings, Panels Arauco and Consorcio Concepcion, revealing different positions but one common review of creative and theoretical role of architect.

Keywords:

Design, Theory, Chilean Architecture, Offices, Building

Nos reunimos con José Cruz en su oficina, un día de invierno, cuando ya atardecía, poco después de visitar sus edificios para la Universidad Adolfo Ibáñez en la parte alta de Santiago. Esta obra había obtenido el primer premio de la Bienal Iberoamericana de Arquitectura 2004, quizás la distinción mas relevante en el continente, y el recorrido por sus enrevesados patios y pasillos había sido sin duda una experiencia grata. Lo primero que planteo Cruz al iniciar la reunión, fue un enfático rechazo a la espontaneidad en el proyecto. Lo que se advierte ciertamente en sus meticulosos textos y dibujos preparatorios de cada obra. La arquitectura no es un juego de dados, de cosas libradas al azar, indica en sus escritos. Lo que reitero en la conversación, con un firme alegato por el pensamiento (y la palabra) como sustento de la arquitectura, recordando su formación en filosofía. Esto nos puso cómodos, a pesar de lo que había costado concertar el encuentro, porque era el supuesto con que habíamos iniciado este peregrinaje, y luego de la visita a sus obras estábamos anhelantes de conocer el camino de sus proyectos.

........................................................UAI, J.Cruz Ovalle

Esta curiosidad indudablemente subyace siempre al ejercer la arquitectura, desde los tiempos de estudiante en que se debe forjar una manera de trabajar, y mas aun cuando se debe enseñar a hacer proyectos, lo que nosotros llevábamos haciendo por distintos periodos y orígenes. Esa motivación nos condujo la formar un grupo de investigación en el Depto. de Arquitectura de la U. del Bío-Bío para escudriñar la relación entre teoría y obra, que parece difusa y escurridiza, especialmente en los tiempos actuales. Concentrados en la arquitectura contemporánea local, pensando en el desarrollo futuro de nuestros estudiantes, y basados en obras que hubieran recibido publicaciones o distinciones, para establecer cierta medida de merito profesional (dentro de lo discutible que parece esto), y considerando también que sus autores hubieran realizado algunos escritos que permitieran contrastar sus planteamientos. Después de varias lecturas y visitas por la zona, visitando y registrando distintas obras recientes destacadas, quedamos finalmente de estudiar las oficinas de Paneles Arauco de José Cruz Ovalle, y el Consorcio en Concepción de Enrique Browne, que reunen estas condiciones y son indudablemente edificios notables. Revisando las publicaciones y otras obras de sus autores, concertando entrevistas con éstos, además de encuestas, estudios gráficos y variadas conversaciones.

......................................CONSORCIO,Concepcion, Enrique Browne

Browne nos recibió en su oficina a mediodía, también después que habíamos visitado varios edificios relevantes de su autoría, como el Edificio Consorcio de Santiago y la Capilla del Colegio Villa María. Calido, recién llegado de un viaje a Asia, mostraba como su propia oficina ejemplifica sus ideas de arquitectura, acostumbrado aparentemente a dar entrevistas. Comenzó declarando sus temas principales de búsqueda en arquitectura; la vegetación, la luz, la geografía, los trazos reguladores, lo que explica brevemente en algunos artículos. Pero en la visita a sus edificios en Concepción y Santiago, lo mas impresionante había sido sin duda el recorrido por las cubiertas. Que en ambos casos, los conserjes, acostumbrados a atender curiosos arquitectos, reservaban como espectáculo final para disfrutar la vista, el viento y la altura.

Las visitas a las obras de Cruz habían sido menos espectaculares, todas de difícil acceso y distantes de la ciudad. Luego nos diría en la reunión que aun no se encontraba cómodo para proyectar obras urbanas, que consideraba la arquitectura latinoamericana aún como un desafío frente al paisaje natural, sin los precedentes culturales del continente europeo o asiático. Afirmo que todo edificio en Latinoamérica viene desde el cielo, mientras en Europa emerge de la tierra, del solar. Por esto había vuelto al país después de terminar sus estudios en España. Había iniciado su carrera de arquitectura en la U. Católica de Santiago, en que afirmo haberse matriculado para distanciarse de la influencia de su tío Carlos Alberto Cruz. Con este arquitecto, mentor de la Escuela de Valparaíso, reconoce haber compartido desde pequeño en familia un singular interés común y lo define como su ascendiente principal. A pesar de haber culminado su carrera en la rigurosa Escuela de Barcelona, que le otorgaría un notable dominio técnico, además de estudios de filosofía y una persistente labor de escultor.

Browne a su vez, desarrollo toda su carrera de arquitectura en la U. Católica de Santiago, con estudios de postgrado en Planificación Urbana en la misma institución, y estadías en Estados Unidos, Inglaterra y Japón. Esta inquietud académica le ha llevado a escribir varios artículos y libros sobre asuntos urbanos y arquitectura latinoamericana. Además de ser protagonista en el movimiento renovador del gremio profesional a comienzos de los años ochenta en Santiago. Miembro del grupo fundador de las Bienales de Arquitectura y los Seminarios de Arquitectura Latinoamericana (SAL) que reunieron a varios arquitectos del continente, en medio de las tendencias post-modernistas de la época. Estos profesionales han continuado liderando el debate y buena parte de la producción arquitectónica en la capital, aunque sin la discusión y renovación conceptual de sus orígenes, pero otorgando indudablemente una importante identidad gremial y una reflexión de la disciplina.

Las oficinas de Paneles Arauco, construidas en 1997 por José Cruz, no se encuentran muy al pasar. Localizadas a mas de 100 km. al sur de Concepción, a la derecha del camino principal, y luego de varios permisos y controles oficiales. Cuesta distinguir el pequeño edificio al costado de anodinas bodegas industriales, pero las extrañas ventanas y salientes de la techumbre insinúan al menos una curiosidad constructiva. La explicación oficial de la obra (repetida de manera similar en los tres libros que han publicado el edificio), comienza argumentando la mayor libertad de diseño que permiten las oficinas frente a las imposiciones de ingeniería que exige la planta industrial. Una condición propia del trabajo profesional que ciertamente determina posibilidades de proyecto. Planteando en la nave industrial solo una negación de la imagen comercial y una expresión rotunda del volumen edificado. En las oficinas sostiene primeramente la intención de equiparar la gran diferencia de dimensiones entre la fabrica y los pequeños recintos de trabajo (lo que se advierte claramente en un plano general, pero rara vez se transitan entre si). En la reunión recordó además la inmensidad del paisaje y el clima cambiante, para justificar un edificio ensimismado interiormente. Contraponiendo esta condición del lugar, con su vivencia personal de mediterráneo y secano, con cielos permanentes y áridos paisajes. Aunque naturalmente esta es una afirmación de foráneo diseñador, los usuarios parecen agradados de esta intensa interioridad (aunque si reclaman algo mas de luz), lo que probablemente retrata la retraída actitud local.

El edificio del Consorcio, que recibió el Premio Municipal de Arquitectura 2004, al contrario, aparece imponente en el centro de la ciudad de Concepción, de bastante mayor altura que los edificios cercanos. Con formas verticales suspendidas y un gran techo voladizo, cautiva la atención del paseante que luego enfrenta la esquina vidriada en curva y los luminosos recintos de ingreso. El planteamiento inicial de Browne (también reiterado en distintas publicaciones), es que constituye una edificio “rectangular y económico”, aparentemente en contraposición a otras alternativas triangulares y mas sofisticadas que estudio durante el proyecto. También destaca su composición neo-plástica y en particular la conformación de un espacio urbano en conjunto con la iglesia que enfrenta, lo que lamentablemente no se realizo. Durante el encuentro desestimo referirse a las plantas interiores, que se advierten algo atestadas para acomodar a muchos oficinistas, aduciendo que correspondían a diseños a cargo de otros profesionales. Tampoco comentó mayormente las divisiones vidriadas y halles de acceso que reflejan un notable cuidado de terminaciones y desarrollo formal, apreciado por los visitantes y usuarios.

El interior de Paneles Arauco destaca principalmente por sus singulares muros curvos y continuidades materiales, que indudablemente refiere a los productos realizados por la empresa. A pesar que en los planteamientos de la obra Cruz reniega de la expresión comercial del edificio (con lo que fundamenta el color gris de las fachadas), los tabiques interiores indudablemente se convierten en promotores de los elementos fabricados por la empresa. Sostiene persistentemente la idea de “abstraerse” de la representación comercial, de la magnitud industrial y el entorno local, aunque esto mismo fundamenta su diseño. La “abstracción” parece tener un sentido mas propio y profundo en el pensamiento de Cruz, ya que sugiere este término para titular su antología y en la reunión enfatiza este concepto como fundamento principal de su trabajo, desarrollando una larga explicación para redefinir su significado. Planteando que cada oficio tiene sus propias palabras, su lenguaje propio. También remarca, al igual que en sus publicaciones, la condición única de cada obra (a pesar que las evidentes similitudes formales entre éstas), con el fin de justificar un estudio acabado y especifico del proyecto. Sosteniendo una dedicación exhaustiva a la arquitectura, afirma que no se puede proyectar antes de los cuarenta años, porque no se tiene la “experiencia de la medida”. Plantea también que en su caso le es imposible delegar o apresurar los trabajos, que tienen su propio tiempo y desarrollo. Por eso mantiene una oficina pequeña y debe rechazar encargos que le solicitan con plazos estrechos. Rechaza publicar sus escritos, dar conferencias o clases, asumiendo que su labor de arquitecto esta propiamente en el proyecto, y mas bien en la obra, cuando deviene un acuerdo colectivo con los obreros y la arquitectura queda libre, “como un espectáculo”.

Browne parece mas escéptico respecto las posturas teóricas, en la reunión recordó que muchos grandes arquitectos prácticamente no escribieron nada, que muchos intentos de encontrar lo esencial de las cosas son infructuosos, y reitera que lo relevante es cuando se llega a un calce del diseño, una indescifrable paz con el proyecto. Esta afirmación contrasta en parte con sus publicaciones respecto a la arquitectura latinoamericana, donde realizo nutridos registros y clasificaciones conceptuales que contribuyeron significativamente a la historiografía contemporánea y la difusión profesional. Cuando le recordamos estos trabajos intentando conocer su visión actual, parece algo desencantado y plantea que continua vigente el dilema que sugería hace mas veinte años sobre las tensiones entre el espíritu del tiempo y espíritu del lugar. Sin embargo se entusiasma al hablar sobre sus “búsquedas” arquitectónicas, especialmente sobre la vegetación y la luz. Su interés por la geografía y los trazos reguladores parecen menos atendido. Explica con detalle los efectos de luz artificial y natural en su propia oficina, y se advierten interesantes experimentaciones, especialmente en la Capilla del Colegio Villa María. A su vez, la vegetación en fachadas y espacios intermedios que ha utilizado en viviendas y algunos edificios le han valido una notable reputación como ejemplo de arquitectura ecológica en el país y el continente. Especialmente por el primer edificio Consorcio que realizo en 1982 (con Borja Huidobro) en la ciudad de Santiago a pocas cuadras de su oficina. Logrando imprimir una novedosa imagen a un edificio de oficinas en altura (que la compañía adopto luego como símbolo gráfico), con colores cambiantes entre las estaciones producto de distintas plantas ornamentales acomodadas en enrejados metálicos que cubren las fachadas, pero que exigen bastante trabajo manual, y contrastan con los sofisticados materiales y costosas instalaciones del edificio. Browne se enorgullece de la vista ajardinada que se logra desde las oficinas (y que muestra en su propio despacho). En el edificio de Concepción volvió a utilizar esta estrategia, aunque con entramados de madera y otras especies que no han tenido mucho crecimiento. De hecho prácticamente no se distingue la escasa vegetación existente, aunque las fachadas y vistas interiores quedan bien matizadas con el entramado. Estos elementos protectores de las fachadas sobre los volúmenes de los recintos, son particularmente explicados de manera gráfica en los artículos que exponen la obra.

Las publicaciones de Paneles Arauco presentan a su vez distintos croquis de José Cruz que explican la distribución interior de las oficinas y vistas de los pasillos. Planteando gráficamente que las salas de reuniones se agrupan al centro con formas curvas para crear un anillo de circulaciones que extienda las distancias recorribles. Con el fin de equiparar la magnitud de la planta industrial y otorgar una “autonomía del interior”. Aunque al visitarlo se advierte desde el espacio de entrada un eje de circulaciones lineal con una iluminación final que compite con los muros curvos y luces cenitales, sin reconocer prontamente el recorrido perimetral. Plantea la necesidad de crear una presencia a partir del “espesor de su vacío interno construido por la proximidad que otorga el tacto”. Lo que fortalece con las oficinas en el borde y los ingresos desfasados de las circulaciones. Estableciendo de este modo una deambular que, según sus palabras, “multiplique el espacio y cree la infinitud”. Diversos dibujos detallan los ingresos de luz por la techumbre y las formas cóncavas y convexas de los muros, con notas sobre sus cualidades sensibles. Este detallado estudio de la experiencia espacial, parece arraigado en la observación fenomenológica legada por Carlos Alberto Cruz y la Escuela de Valparaíso. Lo que se advierte en el uso de similares bocetos manuales (y el mismo estilo grafico) que ha caracterizado a este grupo (distante de los dibujos rigurosos de Barcelona o Santiago). Como también en el sentido trascendente de la propuesta arquitectónica, que recuerda las enfáticas declaraciones de “no cambiar la vida, sino cambiar de vida” de la Escuela de Valparaíso. Lo que Cruz Ovalle asume con cierto cariz profético y trasfondo espiritual, sustentada en su fe religiosa.

El trabajo de Browne parece mas vinculado a los círculos profesionales e institucionales, en un muro de la oficina luce una treintena de portadas de revistas de todo el mundo en que han publicado sus proyectos y mantiene una presencia frecuente en las acciones gremiales, aunque siempre con una postura distintiva y un grupo de trabajo reducido para su relevante prestigio. Asegura mantener una estrecha relación con los ingenieros especialistas y un cuidado por la elección de los materiales, que se advierte en las obras. Sin embargo la fundamentación de haber elegido madera y revestimientos metálicos para el Edificio de Concepción, parece algo ligera, ya que plantea que son materiales del lugar y nombra un par de empresas de la zona. Cuando en la reunión le indicamos que la ciudad se caracteriza mayormente por un hormigón algo mohoso, y que la madera y el metal son trabajados de una manera distinta a como están utilizados en el edificio, se coloca algo incomodo. Mas aun por su énfasis en el estudio del terreno, la cultura local y cada proyecto como respuesta individual. Sin embargo indudablemente la modos de utilización de esos materiales constituyen un aporte novedoso a la ciudad y se combinan con otros detalles notables en las escaleras, entradas de luz, soluciones estructurales, etc., que revelan su experiencia y capacidad profesional en obras de magnitud y complejidad.

Cruz parece indiferente a la realidad material de sus proyectos, prácticamente no menciona las características constructivas de sus obras. Cuando le recordamos esto, reconoce su extensa formación técnica y dedicación a resolver las especificaciones e incluso aspectos estructurales, por lo que le parece evidente e innecesario explicar estos temas. Pasando por alto por ejemplo la hábil resolución estructural de Paneles Arauco que logra la libertad interior y lucarnas por una techumbre metálica escondida y soportada en delicados pilares independientes. Como también la evidente condición de la madera, aunque menciona acertadamente la situación luminosa, que logra en virtud de las superficies “lo suavemente sombreado mas nunca lo sombrío”. En todo caso Cruz insiste mucho en su trabajo escultórico paralelo, donde se permite “consumar el espacio”, estudiando la forma y su sustentabilidad a través de la experimentación directa con lo materiales. Aunque reconoce su diferencia con la arquitectura, que debe servir la vida y sujetarse a diversas restricciones, en este sentido plantea una actitud receptiva frente a las condiciones de cada encargo, indicando que “no hay circunstancia desfavorable” y todas pueden recogerse en el proyecto.

Intentando escudriñar sus referencias contemporáneas curiosamente ambos arquitectos coinciden en los autores que mencionan. En primer lugar, las obras de Frank Ghery como destacado ejemplo internacional, aunque con ácidas criticas por su exotismo formal y escasa teorización, probablemente mas como fenómeno gremial que como tendencia conceptual. También ambos afirman admirar los edificios del portugués Alvaro Siza, con elogiosas palabras sobre su proporción espacial y limpieza material. Eisenman es comentado al pasar por Browne, y Cruz afirma haber estudiado en detalle sus textos valorando su profundidad teórica, pero que lo ve distante de la arquitectura.

Ya es noche al terminar la entrevista con Cruz, la despedida fue larga, deambulando en la oficina a oscuras y comentando anécdotas personales. Salimos a la calle con la ansiedad del creador, del compromiso con la realización, de la intima comunión con la obra. Caminando sin saber donde ir. La reunión con Browne también culmino distendida, exponiendo detalles de su oficina, mostrando la multitud de maquetas de sus proyectos, presentando a sus colaboradores. A plena luz del día, satisfechos del trabajo realizado, de la vasta producción arquitectónica. Luego fuimos a comer a un restaurante cercano.

Conclusiones:

Esta revisión de dos obras y posturas de dos arquitectos nacionales advierte indudablemente diferentes aproximaciones y ciertas distancias entre el pensamiento y la realización. Sin embargo en ambos casos se reconoce una formulación detallada de los edificios, considerando diversos aspectos que se integran en una resolución apropiada a sus condiciones, a partir de relevantes experiencias profesionales. Lo que se aleja del apresurado planteamiento circunstancial que se suele mencionar en las publicaciones de las obras y en la formación de proyectos. Estableciendo conceptos específicos de diseño, mas que divagaciones retóricas o pragmatismos indiferentes, reconociendo una cultura y compromiso arquitectónico en el desarrollo de los proyectos. Aunque evidentemente con distintas direcciones de trabajo.

En Paneles Arauco, el anonimato y curiosidad de la obra expresan cierto desinterés por las condiciones sociales, que subyace en la postura abstraída de Cruz. La cual se concentra en la acción sensible de las formas y espacios, que se reconoce en este edificio, en una situación particular (las circulaciones interiores) que impregna toda la obra. Otorgando una coherencia general, pero también alguna aleatoriedad. Sin embargo, la cuidadosa atención por los desplazamientos y miradas genera una significativa experiencia espacial que recupera el sentido profundo de la arquitectura.

En el edificio Consorcio de Concepción el impacto de la altura y las terminaciones novedosas parecen alejadas de los conceptos principales pretendidos por Browne. Aunque es indudablemente la preocupación por el lugar y la singularidad profesional que inducen estas propiedades del edificio. Incluso la búsqueda de la vegetación en las fachadas y los efectos de la luz, generan el tejido exterior y los deslizamientos volumétricos, que contribuyen al desarrollo arquitectónico local.

Se advierte en ambos voluntades particulares que favorecen la distinción de los edificios, pero debilitan algo su ocupación. Como una necesidad de establecer un estilo personal de proyecto, aunque se reniegue su relevancia, pero que surge como explicación de la obra y del propio modo de trabajo. Con divergencias y sustentado en preferencias individuales, parece como una labor excesiva para el trabajo profesional que debe recurrir mas a conocimientos generales que a elaboraciones especificas. En esto se reconoce el énfasis prevaleciente en la condición creativa, en que la situación del lugar y el encargo aparecen como mediador o inflexión del creador. En un medio profesional impregnado de un arrogante sentido de “autor” (proveniente del renacimiento y exacerbado por la actual cultura de los medios), curiosamente contrapuesto con las argumentaciones oficiales de las obras, que suelen sustentarse en condiciones propias del sitio y programa. Con un privilegio a la condición de proyecto mas que la obra en sí misma. En este sentido lo mas relevante de estas posturas es su atención esmerada a condiciones arquitectónicas sustanciales, pero cierta indiferencia a la realidad general.

En ambas obras se reconoce la recurrencia a materias centrales en la definición arquitectónica, formas que establecen a condiciones espaciales, de luz, materiales y de percepción humana. Además de considerar inevitablemente como propios del trabajo profesional los aspectos urbanos o de localización, climatológicos, estructurales, funcionales, etc. Es decir, un repertorio de requerimientos arquitectónicos, enlazados y jerarquizados, que constituye un sustrato profesional común, interrelacionado con la individualidad del creador y la obra.

La esquina del Consorcio, y toda la ciudad, ha adquirido indudablemente una nueva jerarquía, y los oficinistas han obtenido una mejor imagen comercial y un buen lugar de trabajo que ha sido otorgado por el trabajo del arquitecto. En Paneles se ha obtenido un ambiente agradable y apropiado, que enorgullece y enaltece a sus ocupantes, a partir del particular itinerario de proyecto efectuado por el arquitecto. De modo que ambas obras y los esfuerzos de estos profesionales reflejan una valiosa dedicación y compromiso proyectual, que constituyen indudablemente un ejemplo de formación. En que la personalidad creativa aparece como la expresión sublime del conocimiento general y sentido de la disciplina.


Agradecimientos

Agradecimientos

Esta trabajo forma parte de la investigación DIUBB 720.1 La Teoría de la Obra, y ha sido realizada con el apoyo del Departamento de Diseño y Teoría de la Arquitectura de la Universidad del Bío-Bío. Se agradece también la valiosa colaboración de los arquitectos Enrique Browne y José Cruz Ovalle.

Bibliografía:

LAMAS, Josefina; “Edificio Consorcio en Concepción: Identidad Urbana”, Revista BIT, Nº42, Mayo 2005, pg. 70-75

CS; “Green Screen”, Architectural Review, Julio 2005, pg. 77-79

AA.VV., “Edificio CNS Concepción”, Revista CA,

BROWNE, Enrique; “Casas y Escritos”, Taller América, Santiago, 1989.

BROWNE, Enrique; “Otra Arquitectura en América Latina”, Ed. Gustavo Gili, México, 1988.

CRISPIANI, Alejandro (ed.) “Aproximaciones: de la arquitectura al detalle”, “José Cruz. Fragmento, simultaneidad y totalidad”, Ediciones ARQ, Santiago de Chile, 2001.

LIERNUR, Francisco; “Industrias. Obras de arquitectos chilenos contemporáneos”, Ediciones ARQ, Santiago de Chile, 1998.

BENETT, Elizabeth y CRISPIANI, Alejandro (eds.) “José Cruz Ovalle. Hacia una nueva abstracción”, Ediciones ARQ, Santiago de Chile, 2004.

Lista de Ilustraciones.

  1. Interior de la Universidad Adolfo Ibáñez en Peñalolén (foto: Ruben Muñoz).
  2. Exterior Paneles Arauco (foto: Rubén Muñoz).
  3. Exterior Paneles Arauco (foto: Rubén Muñoz).
  4. Interior Paneles Arauco (foto: Rubén Muñoz).
  5. Interior Paneles Arauco (foto: Rubén Muñoz).
  6. Interior Paneles Arauco (foto: Rubén Muñoz).
  7. Esquemas Paneles Arauco (José Cruz Ovalle).
  8. Esquemas Paneles Arauco (José Cruz Ovalle).
  9. Esquemas Paneles Arauco (José Cruz Ovalle).
  10. Oficina Enrique Browne (foto: Rubén Muñoz).
  11. Edificio Consorcio Santiago (foto: Rubén Muñoz).
  12. Capilla Villa Maria (foto: Rubén Muñoz).
  13. Consorcio Concepción: vista exterior con vegetación proyectada y situación actual (fotos AR 2005).
  14. Esquema Consorcio Concepción (Enrique Browne)
  15. Entrada Consorcio Concepción (foto: Jessica Fuentealba).
  16. Exterior Consorcio Concepción (foto: Jessica Fuentealba).
  17. Hall Oficinas Consorcio Concepción (foto: Jessica Fuentealba).
  18. Hall Ascensores Consorcio Concepción (foto: Jessica Fuentealba).
  19. Cubierta Consorcio Concepción (foto: Jessica Fuentealba).
*ARTICULO POR PUBLICAR EN REVISTA ARQUITECTURA FAU-U. DE CHILE Nº14

julio 07, 2006

ESBOZOS DE TEORIA DE LA ARQUITECTURA EN CHILE




¿no fue el hallazgo ajeno
a los descubrimientos
oh marinos
sus pajaras salvajes
el mar incierto
las gentes desnudas entre sus dioses!
porque el don para mostrarse
equivoca la esperanza?

Primer poema de Amereida, 1967.

Dr. Arqto. Rodrigo García Alvarado
Depto. de Diseño y Teoría de la Arquitectura, Universidad del Bío-Bío

Todo quehacer humano implica una reflexión. Reconocer este pensamiento sobre la acción permite entenderla y transmitirla mas adecuadamente. Este trabajo pretende sintetizar algunos textos teóricos recientes sobre arquitectura en Chile, intentando retratar el pensamiento profesional vigente con el fin de comprender la producción y devenir de la disciplina.

Esta indagación enfrenta al menos tres dificultades. En primer lugar, una distancia con la práctica, en este caso con las obras construidas, que indudablemente son la fuente y destino de la teoría, pero que requieren una generalización, mediatizada por el lenguaje, para ser conceptualizadas. Lo que es particularmente difícil frente a la realidad sensible de la obra y la acción creativa del arquitecto, por lo que es frecuente en la disciplina cierto desdén por la reflexión teórica y una fascinación por las elaboraciones concretas. Constituyendo el pensamiento escrito un registro parcial de las realizaciones materiales. En segundo lugar, las expresiones teóricas están necesariamente inscritas en el telón de fondo de la evolución general de la disciplina y la cultura. De modo que resulta indispensable reconocer las referencias de cada postura para considerarla apropiadamente. Un apretado resumen de pocos documentos publicados, solo permite advertir un esbozo de su contribución y adeuda una revisión mas exhaustiva de sus reflexiones. En tercer término, se plantea un marco nacional, que limita el registro y supone una especificidad que esta lejos de estar demostrada.

En la revisión bibliográfica sobre arquitectura nacional se reconocen varios estilos y adaptaciones locales (pre-colombinos, coloniales, neoclásicos, modernos), pero con escasa producción escrita. Exceptuando algunos textos pedagógicos y revistas iniciadas en el siglo XX que fundamentalmente reportaron el advenimiento y desarrollo de la arquitectura moderna en Chile (1). Solo al consolidarse esta corriente en el país (y comenzar su cuestionamiento internacional) surgen posturas conceptuales, como el libro "Arquitectónica" del historiador de arte José Ricardo Morales que intento resumir ideas centrales de la disciplina (2). Así también los escritos de Juan Borchers (3), quién realizo una extensa revisión teórica de la arquitectura, recurriendo a la relación con otras artes y disciplinas, como también a la voluntad, con un lenguaje formal tributario a los maestros modernos.

En las ultimas décadas han surgido diversas publicaciones que intentan posturas arquitectónicas mas diferenciadas y colectivas. Las cuales podemos identificar en tres corrientes o etapas; la Escuela de Valparaíso que desarrolla una vertiente original a partir de la década del 60, el planteamiento de la Modernidad Apropiada en los 80 y la Escuela de Santiago de los 90 en adelante. Indudablemente se producen también otras publicaciones profesionales y académicas, tanto en la capital como el norte y sur del país, pero sin la amplitud conceptual planteada en estas expresiones.

1. Escuela de Valparaíso.

En 1952 se incorporo a la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso (UCV) un grupo de arquitectos y poetas, liderados por Alberto Cruz Covarrubias, quienes elaboraron una postura pedagógica y arquitectónica singular. Vinculada a la construcción de la "Ciudad Abierta" en las dunas de Ritoque, y a la Corporación Cultural Amereida, ambas iniciadas en 1971. Los documentos que retratan mas completamente la experiencia de la Escuela aparentemente son el registro de actividades docentes de 1984 a 1988 (4) y el libro de Pérez y Pérez de Arce del 2003 (5)1. Ambos textos indican que la Escuela postula primero una estrecha relación de la arquitectura con la poesía. Reconociendo el "acto" como el contenido central de la actividad arquitectónica, y la observación (a través del croquis) como estrategia fundamental de análisis. Lo que se puede identificar como una aproximación funcionalista o fenomenológica, pero sublimada por el cariz poético.
Se destacan también otros métodos pedagógicos, como las "travesias"; viajes de alumnos y profesores a distintos lugares del continente, definidos poéticamente. También la ejecución colectiva de algunas edificaciones en la ciudad abierta y otras zonas del país, en procesos de "ronda" que permiten compartir la acción proyectual (y material) de la obra. Desarrollando además un distanciamiento con los procedimientos normales de diseño y las técnicas constructivas tradicionales, lo que les permite generar construcciones novedosas aunque con dificultades de ejecución y conservación. En los años setenta participan en propuestas arquitectónicas y urbanas, pero en general se mantienen alejados del ambiente laboral. Conservan así mismo una persistente diferencia con los procedimientos regulares de
enseñanza, de reunión profesional y publicaciones regulares, sin embargo desarrollan influencia académica y posterior reconocimiento internacional por la particularidad y constancia de su enfoque.
Sus acciones están inicialmente fundamentadas por discursos poéticos y traslaciones cartográficas (como trazar la constelación de la Cruz del Sur en el mapa invertido de Sudamerica), además de referencias históricas generales. Ocasionalmente mencionan reglas matemáticas o musicales, y rara vez obras artísticas o de otros arquitectos. Elaborando sus propuestas fundamentalmente en base a fenómenos físicos, geográficos o de actividades y lugares cotidianos. Esta autonomía les otorga una singularidad perenne, pero no se advierte en su desarrollo histórico un proceso incremental o relaciones constructivas (probablemente solo el ordenamiento cronológico de las travesías). Tampoco un énfasis en la reflexión conceptual o incluso en las edificaciones, sino mas bien en acciones puntuales. La contribución profesional de la Escuela de Valparaíso, en relación a otras propuestas educacionales, tampoco ha sido especialmente significativa. Pero se debe reconocer que dentro del confuso panorama global de la arquitectura, han contribuido con una visión indudablemente original y consistente, que recupera el valor sensible de la realidad arquitectónica.

2. Modernidad Apropiada.

Mas tarde a fines de los años setenta varios profesionales de Santiago impulsaron el debate gremial iniciando las Bienales de Arquitectura. Algunos fundan el CEDLA (Centro de Estudios de la Arquitectura), editan la Revista ARS y varios libros de patrimonio arquitectónico. En 1982 se forma el "Taller América" a partir de una comisión del Colegio de Arquitectos (encargada inicialmente a profesores de la UCV) y comienzan los Seminarios de Arquitectura Latinoamericana (SAL) con una relevante participación chilena. Desarrollando una valoración de la situación local aparentemente influidos por las tendencias post-modernistas en boga.
Un aporte central lo otorga el arquitecto Cristian Fernández Cox, acuñando el término de "Modernidad Apropiada" (6), basado en una critica a la adopción superficial de estilos arquitectónicos en el país. Partiendo de un análisis histórico, establece un sentido fundacional a su propuesta teórica. Realiza diversas críticas al modernismo internacional, pero indudablemente reconoce su validez a partir del propio titulo formulado. Con escasas elaboraciones espaciales o formales, parece valorar la simplicidad, simetría y jerarquía de los volúmenes. Sustentado en condiciones estructurales (por la sismicidad local) y climatológicas para resolver ciertos aspectos constructivos. Esta propuesta conceptual se extiende, integrándose en el dialogo latinoamericano, en paralelo a la difusión de varias obras y arquitectos del continente. Aunque de muy distintas características, incluyendo desarrollos urbanos de claras directrices comerciales con renovaciones domésticas (como la arquitectura de Chiloe o los cites del centro de Santiago). Paralelamente se producen valoraciones coloniales con fundamentos geométricos y sorprendentes proyecciones urbanas (7).
En este conjunto profesional Enrique Browne aporta algunos estudios y obras singulares (8). Aunque esta combinación no es del todo vinculada, ya que sus escritos se dirigen fundamentalmente a asuntos urbanos o a describir la producción de colegas, mientras sus obras exploran distintas estrategias arquitectónicas, incluyendo la integración de la vegetación y la diversidad formal. En un intento de entender la arquitectura latinoamericana del momento, reconoce una tensión entre el espíritu de la época y el espíritu del lugar (9). Aunque ambos conceptos quedan esquemáticamente bosquejados (la época hace referencia a los estilos
europeos, y el lugar, a una valoración vernácula), le conduce a polarizar la arquitectura latinoamericana entre "arquitectura del desarrollo" y "otra arquitectura". Derivadas a su vez del movimiento moderno y el criollismo. Esta clasificación le permite ordenar una diversidad de obras en distintos periodos, aunque naturalmente en el "desarrollo" quedan fundamentalmente edificios públicos y en la "otra", obras domésticas regionales, distinguidas mas que nada por sus magnitudes y sistemas constructivos.
La mayoría de estos profesionales han mantenido una sustancial producción arquitectónica, participación gremial y académica, pero con escasas renovaciones teóricas. Difundiendo esta postura genérica de adopción local del desarrollo como el pensamiento subyacente en el grueso de la actividad profesional. A la vez de un persistente reproche a la situación urbana (que proviene probablemente de las propias debilidades del modernismo), planteándolo como el tema principal de debate en el gremio, que se refleja en la sucesivas bienales organizadas por el Colegio de Arquitectos de Santiago. La reflexión impulsada por estos arquitectos, carece probablemente de suficiente elaboración, pero otorgo indudablemente cohesión profesional y el reconocimiento de la discusión local como parte de la actividad arquitectónica.

3. Escuela de Santiago.

Posteriormente algunos profesores y egresados de la Escuela de Arquitectura de la PUC han intentando bosquejar una postura común, sustentada en el reconocimiento internacional de algunas obras y en una progresiva realización de publicaciones. Destacando el libro "Los Hechos de la Arquitectura" (10), editado en 1999 y que inauguro una serie sobre aspectos esenciales de la disciplina (aunque los siguientes adolecen de la singularidad y amplitud del primero). Este libro se compone de textos de los autores, breves análisis de algunos edificios y traducción de documentos históricos, lo que le permite atender temas fundamentales de la arquitectura con referencias relevantes, aunque sin ordenarlos con claridad ni precisar sus posibilidades proyectuales. Plantea un énfasis funcional, al destacar los "hechos" (acciones frecuentes) como evidencias inevitables de la realidad arquitectónica. Aunque aborda también otros aspectos, especialmente en la revisión de obras y escritos, realzando la construcción como respuesta arquitectónica. Posee un sentido universal mas que nacional (incluyendo solo un par de obras chilenas en el análisis), aunque es evidente el ámbito al cual esta dirigido. Recoge afirmaciones de Borchers y de la Escuela de Valparaíso para desarrollar su aproximación, pero se diluyen en el amplio registro abordado. El mayor valor de este texto es probablemente reiterar el sentido real de la arquitectura y vincularlo con una tradición histórica, teórica y constructiva, validando de este modo la complejidad y amplitud de la disciplina.

Poco después, se publica "Arquitectura Reciente en Chile, Las Lógicas de Proyecto" (11), un esfuerzo aparentemente complementario al anterior, intentando valorar obras locales y plantear estrategias de diseño. Planteando primero un desencanto de las ideologías e incluso de las recetas formales, postula la manipulación proyectual como esencia de la disciplina. Menciona la aproximación fenomenológica de la UCV y la valoración del entorno geográfico, destacando en los comentarios a las obras expuestas, la sencillez e individualidad de los edificios. La lógicas de proyecto planteadas son mayormente de corte conceptual, y en algunos casos con connotaciones formales precisas (como el manto o los pliegues), aunque en la presentación de las obras son poco explicitas. Escaso en referencias, sugiere una independencia de las obras al explicarlas por su condición y solución particular. Otorgándole al arquitecto un rol de operador aislado. Aunque evidentemente fue una recopilación que permitió converger y difundir obras relevantes y aportar un sentido pedagógico al relacionarlas con acciones proyectuales.

Uno de los autores del primer libro, Alejandro Aravena, que combina una relevante actividad docente y profesional, ha planteado que estos arquitectos recientes pueden ser agrupados como "Escuela de Santiago" (12). Anteponiéndola a la Escuela de Valparaíso (a pesar que la reconoce como una de las fuentes) y originada por algunos profesores de la PUC (e indirectamente de la ETSAB de Barcelona). Basado en un rechazo a las actitudes revolucionarias en arquitectura y a un reconocimiento del paisaje nacional, expresado en volúmenes simples, sin mayores desarrollos espaciales. Algunos de los profesionales involucrados no se reconocen parte de este grupo o aproximación, sino mas bien de una situación contemporánea, justificando sus obras como respuestas especificas de diseño al sitio y programa. Sin embargo son evidentes las similitudes formales de varias obras de estos arquitectos, que pueden han sido identificadas también como tardomodernas o minimalistas. La difusión editorial ha incrementado indudablemente la cultura arquitectónica local y la distinción de algunas realizaciones, lo que ha respaldado la capacidad profesional nacional estimulando cierta madurez e identidad gremial.

Conclusiones

Este breve sumario de escritos teóricos, publicados en Chile las últimas décadas, revela primeramente el interés de conformar un pensamiento propio sobre la arquitectura. Vinculadas con algunas obras construidas, pero sin una clara correlación con la producción práctica. No se puede reconocer del todo la influencia profesional de estos textos, como tampoco su incorporación en la enseñanza (porque a pesar de la reciente profusión de escuelas de arquitectura, éstas se han abocado mayormente a aspectos técnicos o proyectuales, sin un debate teórico equivalente). En todo caso, estos documentos expresan cierta reflexión colectiva, con tendencias identificables, proyecciones profesionales e internacionales, que otorgan una base de discusión sobre teoría de la arquitectura en Chile.

Los textos traslucen también una variedad de aproximaciones (revisiones prácticas, propuestas pedagógicas, formulaciones conceptuales, etc.), que dificulta complementar sus contribuciones. Advirtiendo una desestructuración del debate y una lasitud de asuntos comunes. Reflejado en la carencia de ordenaciones y de referencias (hay citas generales o menciones de colegas, pero no discusiones consistentes de otras posturas). Esto no es un requerimiento meramente formal, porque expresa la condición constructiva del pensamiento, y por ende de situar efectivamente las proposiciones. Esta debilidad no es de extrañar debido a la usual autonomía y distancia académica pretendida en la reflexión arquitectónica. A la vez de una contaminación proyectual, que le otorga a las posturas teóricas un sentido holístico (intentar definirlo todo) y creativo (formular ideas nuevas), desarrollando mas proposiciones conceptuales y explicaciones de obras, que revisiones rigurosas de aspectos teóricos. Aunque la mayoría de estos textos ciertamente no pretenden una fundamentación global de la arquitectura, sino plantear inquietudes personales o clarificaciones pedagógicas, pero recurren a ideas dispersas, que diluyen su ímpetu esclarecedor. A diferencia de textos fundamentales en la disciplina, que adolecen a veces de disipación y voluntarismo, pero en general se desarrollan acuciosamente.

Igualmente se identifican algunos conceptos similares entre las tendencias y textos descritos, que podrían reflejar proposiciones singulares de la teoría de la arquitectura en Chile. En relación a los ejes sustanciales de la concepción arquitectónica (forma, función, estabilidad, contexto) se reconoce una recurrencia a la situación geográfica, que puede provenir de la insularidad aducida frecuentemente en la cultura local, como por la propia identificación nacional del trabajo profesional. Así como por la discusiones sobre globalización e influencia internacional. Pero reflejado en un reconocimiento cartográfico y físico, mas que climático o constructivo que son expresiones mas arquitectónicas. De modo que la geografía se menciona fundamentalmente como referencia superior mas que como elemento proyectual. Por otro lado se advierte una persistencia en aspectos concretos de la ejecución arquitectónica, tanto de la ocupación de la obra (combinando la sensibilidad fenomenológica con el realismo funcional), como de la elaboración material (en el proyecto y su estabilidad estructural). Inspirados probablemente por la experiencia laboral que pretende ser sublimada conceptualmente, pero indudablemente intentando también distinguir rasgos propios.

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Casa Klotz, 1992 ____________________________UAI J.Cruz Ovalle, 2005

Sorprende en todo caso la ausencia de definiciones formales. Aunque saltan a la vista importaciones o lenguajes comunes en las obras referidas, no aparece mayor elaboración sobre sus condiciones espaciales o volumétricas que constituyen elementos esenciales del trabajo arquitectónico. Con una suerte de pudor frente a las operaciones formales, se plantea un nivel conceptual mas abstracto (y por ende menos operativo), lo que se refleja también en la minimización técnica de las posturas. Así mismo el énfasis geográfico-pragmático, desatiende dentro de los ejes esenciales de la disciplina el aspecto cultural de la obra arquitectónica. Aunque se discuten relaciones históricas o profesionales, prácticamente no se mencionan las situaciones sociales, cotidianas o tecnológicas que enfrenta la arquitectura y que han gestado las mas profundas transformaciones en la disciplina. Esto puede explicar el escaso rol de los arquitectos nacionales en el desarrollo político y económico en un país en intenso crecimiento, relegados a un trabajo formal y una discusión algo rancia, ajena a los desafíos contemporáneos. En este sentido los textos expresan que la arquitectura nacional se sustenta fundamentalmente en una sensibilidad por el paisaje y la obra, con una reflexión teórica en ciernes que parece buscar condiciones identitarias y afirmar progresivamente un debate conceptual.


Este articulo pretende dilucidar un marco teórico para el análisis de obras contemporáneas locales. Como parte de la investigación DIUBB 061702-3 "720.1 La Teoría de la Obra",
realizada en conjunto con los arquitectos Jorge Harris, Jessica Fuentalba y Rubén Muñoz. Agradecemos los comentarios al texto de Mauricio Pezo, Hernán Ascui y Jorge Harris.

BIBLIOGRAFÍA

1. ELIAS, Humberto y MORENO, Manuel; Arquitectura y modernidad en Chile :1925-1965 una realidad múltiple, Ed. Universidad Católica de Chile, Santiago, 1989.
2. MORALES, Jose Ricardo; "Arquitectónica", Ed. U. del Bío-Bío, Concepción, 1984 (re-edición U. Católica, Santiago, 1966)
3. BORCHERS, Juan, "Institución Arquitectónica", Ed. Andrés Bello, Santiago, 1968.
4. AA.VV.; "Amereida, Travesias 1984 a 1988", Ed. Escuela de Arquitectura, Universidad Católica de Valparaíso, 1991.
5. PEREZ, Fernando y PEREZ DE ARCE, Rodrigo; "Escuela de Valparaíso; Ciudad Abierta", Ed. TANAIS, España, Mc Gill Queens, Montreal y Birkhauser, Alemania, 2003.
6.FERNANDEZ COX, Cristían; "Arquitectura y. Modernidad Apropiada. Tres aproximaciones y un intento". Taller América. Santiago, 1989.
7.IRARRAZAVAL, Raúl, Arquitectura chilena :la búsqueda de un orden espacial, Santiago, Chile, Ediciones Nueva Universidad,1978.
8. BROWNE, Enrique; "Casas y Escritos", Taller América, Santiago, 1989.
9. BROWNE, Enrique; "Otra Arquitectura en América Latina", Ed. Gustavo Gili, México, 1988.
10. PEREZ, Fernando, ARAVENA, Alejandro y QUINTANILLA, José; "Los Hechos de la Arquitectura" , Ed. ARQ, Santiago,1999.
11. TORRENT, Horacio; "Arquitectura Reciente en Chile: Las Lógicas del Proyecto", Ed. ARQ, Santiago, 2000.
12. ARAVENA, Alejandro; "El Lugar de la Arquitectura" , Ed. ARQ, Santiago, 2000.
Esbozos de Teoría de la Arquitectura en Chile, R. García Alvarado, 2006. 7
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1 Tambien son relevantes el poema fundacional de Amereida escrito por el poeta Godofredo Iommi en 1971 y el conjunto de textos "DonArquitectura" editado por Cruz el 2002.
*ARTICULO POR PUBLICAR EN REVISTA ARQUITECTURA DEL SUR Nº 32